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jueves, 22 de mayo de 2014

Que no nos callen ¡NUNCA!

Reclamé por un abuso y el hospital me dio la razón. Expedientan a la tocóloga.



Escribo esto entre la emoción de quien siente que ha dado un gran paso y la incertidumbre de no saber por dónde empezar, así que voy a empezar por el principio y de manera clara:

El pasado mes de septiembre sufrí un abuso. Se vulneraron mis derechos como ser humano, mujer, embarazada y paciente.

Estaba en mi embarazo, mi segundo embarazo, y estaba decidida a llevarlo de un modo mucho más consciente y participativo que el primero. De forma que, de manera autónoma, localicé a través de fuentes fiables, como la OMS, la FAME y EPEN, información acerca de todas las prácticas que suelen hacerse en los hospitales, como son las exploraciones, el test de O'Sullivan (la prueba del azúcar) o el estreptococo, por ejemplo, y que se practican muchas veces bajo un imperativo cordial y rutinario y no ofreciéndolas como una opción, haciendo que en ocasiones olvidemos que TODO cuanto concierne a estos protocolos es SIEMPRE OPCIONAL. 

Una de las cosas que tuve claras desde el minuto cero, era que no querría exploraciones físicas, tactos, durante todo el embarazo y, si no eran estrictamente necesarias, tampoco las querría durante el parto. Lo comuniqué ya en la primera cita de control, en la que, tras completar mi historia, la tocóloga me dio una instrucción rutinaria: 
“Pasa para dentro y desnúdate de cintura para abajo, que vamos a hacerte la exploración.” 
Ante mi negativa se mostró sorprendida, quizás un poco “guasona” al preguntarme “por quién están desaconsejadas las exploraciones durante el embarazo” (como si me lo hubiera recomendado alguna mística curandera que, aunque no, daría igual si así hubiera sido), pero desde luego respetó mi decisión.

En mi ciudad existen dos hospitales: uno de ellos es el hospital de Jove, donde no tienen ginecología de urgencias y es por ello que a las embarazadas que nos toca por zona ese hospital nos hacen el seguimiento hasta la semana 36 y después trasladan nuestro expediente al otro hospital, el de Cabueñes. La visita de la semana 36, el 17 de septiembre de 2013, sería mi última visita a esa consulta de tocología. 





Yo ya sabía que a esa visita correspondía la prueba del estreptococo y, al igual que en todas las demás pruebas, me informé sobre ello y decidí que sí quería conocer el resultado para, en caso de ser positiva, decidir también sobre la administración de antibiótico durante el parto. En la consulta, la tocóloga me indicó que, “en teoría”, me tocaba la prueba del estreptococo. Imagino que su particular indicación fue así porque recordaba de las consultas anteriores que yo no quería que se me practicaran exploraciones aunque, evidentemente, coger una muestra de la boca de la vagina y el ano es muy distinto a hacer una exploración. De todas formas,yo sí quería hacerme esa prueba y, mientras mi hijo mayor, de 3 años de edad, jugaba con un lápiz sentado en una silla de la consulta, yo me desvestí y me coloqué en posición de litotomía en el potro. La enfermera estaba a mi izquierda. La tocóloga vino con los dos bastones de muestras, las recogió, las guardó y, acto seguido, introdujo sus dedos en mi vagina. Me incorporé cuanto pude de un salto en el potro, al grito –y digo grito- de “¡Eh, eh! ¡Exploración no! ¡Exploración no!”, cuya respuesta por parte de la doctora fue penetrar más hondo con los dedos, reírse y contestarme: 
“Pero no te preocupes, mujer, si esto es un momento. Ya verás que rápido”. Retiró los dedos y dijo “¿Lo ves? Ya estás explorada. ¿A que no ha sido para tanto? No tienes el cuello del útero modificado.”. Dato, por cierto, que no necesitaba saber en absoluto. Sonriéndome, se dio el lujo de añadir: “Y tranquila, mujer, que no te “revolví” nada”. Aquí me permito anotar que “revolver” es el nombre que en Asturias se le da de manera ‘coloquial’ a la maniobra de Hamilton.


Mi reacción fue mirar a mi hijo, que esperaba sentado con su lápiz, mirar a la enfermera, en cuya expresión facial me pareció apreciar que se daba cuenta de la gravedad de la situación, y guardar silencio hasta llegar al coche, donde rompí a llorar.

Me sentí violada, física y moralmente. Me sentí, francamente, el mayor pedazo de mierda que pisaba la tierra.






Imagino que no hace falta que os cuente: fuera de este círculo de maternidad consciente, los comentarios al contarlo variaban de "estás exagerando" y "solo estaba haciendo su trabajo" a "cómo va a ser un abuso, si es una mujer". Aunque, todo he de decirlo, la mayor parte de las reacciones fueron de apoyo.

Llena de rabia, me armé de documentación que avalara, ley en mano, mi sentir, como la Ley de Autonomía del Paciente, la Ley General de Sanidad, el Código Penal, la Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, la Iniciativa al Parto Normal y alguna cosa que seguro que me dejo. Pero, por algún motivo, no era capaz de ponerme frente al ordenador a escribir la reclamación. Así que quise concederme un final de embarazo tranquilo y así poder tener mi parto soñado, en casita, lejos de batas blancas y dedos intrusos. 

Fueron pasando los meses y siempre pensaba: "lo haré la semana que viene". Pero nunca me sentaba a escribir la reclamación. En abril tuve mucho, muchísimo trabajo, y quizá porque tenía la mente tan distraída con todo, porque entré en un frenesí de "lo voy a quitar todo de en medio cuanto antes", de repente y sin haberlo planeado me senté a escribir la reclamación. Y entonces entendí por qué no la había escrito antes: porque me dolía recordar. Lloré y temblé mientras la escribía. Pero la escribí.

Por recomendación de un amigo enfermero, la dirigí tanto al Hospital como a la Comisión Deontológica del Colegio de Médicos de Asturias. Entregué las cartas personalmente en ambas sedes, llevándome conmigo sendas copias selladas. Esto fue hace justo un mes: escribí la reclamación un sábado 19, y las entregué el lunes 21 por la mañana.

Ayer, recibí la primera contestación: la del Hospital de Jove. Pensaba que sacarían las uñas, que lo negarían todo, que me llamarían loca... Y no. Me comunican lo siguiente:

"(...) Entendemos que no existe una disculpa clara (de la tocóloga) por no haber respetado su deseo de que no se le realizaran exploraciones físicas durante su embarazo, deseo del que hay constancia escrita en su historia clínica, y que representa una circunstancia muy grave, lo que nos obliga a abrir expediente disciplinario contra la Dra. XXXX.

(...) En este caso con respecto a usted, el daño está hecho y por ello queremos transmitirle nuestras más sinceras disculpas y compartir la razón que le atribuyen todos sus argumentos. No podemos hacer otra cosa. Lamentamos profundamente lo sucedido."



No puedo hacer menos que agradecer al Hospital su actuación y respuesta. Porque el cambio que buscamos está en todos, y es imposible logralo sin pelearlo juntos: profesionales y usuarios.

Victoria, chicas. Victoria. Son nuestros derechos, es nuestro cuerpo. No podemos consentir que el abuso esté normalizado. No podemos consentir que nos digan que en nuestro cuerpo decide otro. 

Merece la pena. Reclamad. No os calléis, por favor. Que no nos callen ¡NUNCA!

jueves, 19 de septiembre de 2013

Violación


Voy a lanzar una pregunta al aire, a ver qué opináis. Ojo, que no es fácil:

¿De qué depende que una violación sea tal cosa? Entendiendo aquí "violación" no sólo en su sentido más usado de abuso carnal no consentido, sino también como acto que va en contra de la ley y el juicio, como profanación de algo implícitamente 'sagrado' (http://lema.rae.es/drae/?val=violaci%C3%B3n).

Imaginemos varios supuestos:


Supuesto número 1:


Imagen extraída de eldinamo.cl


Una mujer y su marido/compañero/novio se van a la cama a dormir y él se deja reposar sobre ella. Ella le hace saber que no le apetece sexo, él insiste. Ella se empieza a poner algo nerviosa y le dice que no. Así durante un rato cada vez más tenso, en el que ella se siente cada vez más incómoda y más nerviosa y a él se le empieza a nublar un poco el sentido común. Hasta que, en un momento dado, y aún posado sobre ella, impidiéndole el movimiento, atañe el consabido "sólo la puntita", le aparta las bragas y la penetra. ¿Esto es violación? Ella y su marido han hecho el amor muchas veces y a ella no le queda ninguna secuela física... Simplemente no le apetecía. ¿Es o no es violación?


Supuesto número 2:

Una mujer va a hacerse un piercing en el clítoris. Cuando está acostada el profesional le dice que le atará los tobillos, porque aunque le pondrá anestesia es posible que le duela un poco y algunas mujeres tienen el acto reflejo de dar una patada, así que es para evitar daños mayores. Cuando ya la tiene amarrada y desnuda de cintura para abajo, al tío se le pone de repente cara de sádico al más puro estilo Urotsukidoji, empieza a sacar -sin que la mujer lo vea- un montón de juguetes sexuales y, antes de que ella se dé cuenta de nada, empieza a penetrarla con una goma enroscada llena de 'bonitos diamantitos placenteros'.


Fairy Tail Gajeel

La mujer intenta zafarse, pero sumando miedo y objeto-extraño-en-vagina no es capaz de incorporarse. Le dice que pare pero el sádico, riendo, le dice que no se preocupe, que no va a tardar mucho... Y era verdad: en apenas dos minutos de pseudo-forcejeo el precoz sádico satisfizo su deseo. ¿Esto es violación? La mujer, por propia voluntad, se desnudó ante un desconocido y accedió a colocarse en una postura indefensa. Y, después de todo, fueron apenas dos minutos y ella no tiene absolutamente ninguna secuela física. Si acaso un pequeño rasguño interno causado por uno de los diamantitos del aparatejo. ¿Esto es o no es violación?



Supuesto Número 3:

Una mujer embarazada de ocho meses va al tocólogo a un control rutinario y a hacerse la prueba del estreptococo, que consiste en tomar una muestra con un bastón de la boca de la vagina y el ano. La mujer expresa en repetidas ocasiones su deseo de que no le hagan exploraciones durante el embarazo y el ginecólogo, aparentemente, lo respeta. La mujer se coloca en el potro, en posición de litotomía, con los pies metidos en los estribos. Llega el ginecólogo con los bastones, coge muestras y, rápido como un rayo, le mete los dedos en la vagina. Ella da un salto y le grita que pare, que no lo haga. El ginecólogo se ríe, mete la mano más al fondo y le dice "Mujer, si esto no es nada! Mira, ves que rápido? Ya estás explorada. ¿A que no ha sido para tanto?" ¿Esto es violación? Ella ya ha se ha hecho más exploraciones en su vida, el ginecólogo es un profesional de la salud y lo que ha hecho no le acarrea a ella ninguna secuela física, al margen de unos pinchazos algo dolorosos que desaparecieron en menos de un día, unas cuantas contracciones incómodas y un poco de sangrado, que se considera normal. ¿Esto es o no es violación?


Imagen extraída de saluddiaria.com


¿Qué creéis? Os voy a repetir la pregunta del principio, que quizás a estas alturas se os ha olvidado:




¿De qué depende que una violación sea tal cosa?

¿Depende de qué le hayan metido a la mujer? ¿De quién lo haya hecho? ¿De en qué contexto? ¿De la intencionalidad?

Probablemente en el Supuesto 1 la cosa esté en duda para muchas personas. ¿Quizás habría que saber cómo es en general la relación de esa pareja? ¿Si él es un maltratador que la tiene sometida? ¿Cómo son normalmente en la cama? Se conocen, son pareja... Es difícil. ¿La violación depende entonces de quién la ha cometido? 
El Supuesto 2 está bastante claro, ¿verdad? Ella ha ido a hacerse un piercing, no a que un sádico salido la penetre sin previo aviso y sin consentimiento para satisfacer sus desvíos sexuales. ¿Depende entonces la intención?
En el Supuesto 3, estoy segura de que la mayoría de la gente (no hablo de la mayoría de quienes leen este blog) no verán la falta. Sin embargo, ella va a hacerse una prueba y la penetran también, sin previo aviso, sin consentimiento y contra su expresa voluntad. Pero no tiene un fin sexual. Además, sólo han sido dos dedos. Entonces, ¿sí depende de la intencionalidad? ¿De con qué se practique? ¿Del contexto en que suceda? 

Bueno, el ginecólogo lo hace a diario varias veces. Creo que el sádico del Supuesto 2 también. El marido lo ha hecho por primera y seguramente última vez. ¿Entonces depende de la frecuencia? Pero el ginecólogo está trabajando. Con lo cual, ¿podría depender de que esté remunerado? Uy, que miedito.

¿Depende de las secuelas físicas? Porque de nuestros tres supuestos el peor ha sido, precisamente, el 3... En serio, ¿qué diferencias véis? ¿Por qué unos sí y otros no? Y si os dijera que las tres mujeres, después de sus supuestos, se echaron a llorar, ¿cambiaría algo?


¿En qué punto deja de importar la voluntad de la mujer y su derecho a decidir sobre sí misma para ceder ese derecho a la normalidad de la práctica?

No tenéis que responder si no queréis, esto es sólo una reflexión mía en voz alta... Me conformo con llamar a alguien más a reflexionar un poco sobre el tema. Y, si fuera a algún ginecólogo, mejor aún.