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martes, 28 de mayo de 2013

Ocho



Ni una gota de leche. Sabía que podía pasar, pero… No te lo voy a ocultar. No se lo voy a ocultar a nadie: estoy triste, muy triste.

Tengo mucho miedo. No estoy preparada para esto. No me siento nutritiva. No me siento tierra. No me siento nada. Mis fuentes, mis hermosos manantiales, se han secado  y me asusta horriblemente pensar que tu hermano se pueda destetar. No imaginas, nadie imagina, cuantísimo deseo que a pesar de ello tu hermano siga queriendo su amada teta…  No estoy preparada para abandonar esto. No estoy preparada para romper este lazo. No estoy preparada para no regalarnos (a los tres) nuestro tándem. Me apetece llorar y, por supuesto, he llorado.

“Y qué más da. Ya le has dado mucho tiempo”. No dejes que nadie, ni siquiera yo, te diga nunca por qué has o no has de llorar. Muchas veces, muchas personas, no entienden sus propios sentimientos. No esperes que entiendan los tuyos. Tus lágrimas, mi cielo, siempre serán tuyas. Haz con ellas lo que te plazca.



martes, 15 de enero de 2013

Campo de batalla





Terminando el año 2012, hablaba un día después de un taller de porteo con una amiga. Las mamás embarazadas atendían encantadas a lo que les contaba sobre llevar a sus bebés bien pegaditos al cuerpo. Parecía maravillarles. Le contaba a mi amiga que parece que la corriente va cambiando; que la gente siente que quiere hacer las cosas de otra manera y se deja llevar más.

Recuerdo que cuando era pequeña oía hablar, en la televisión o en el aire, no sé, a unos de esos “locos” que hablaban de la nueva era de Acuario que llegaría con el nuevo milenio. Los metía en el mismo saco que a los otros locos, los que decían que el mundo se acabaría en el 87, en el 93, en el 2000… Pero los primeros decían que sería una nueva era de liberación espiritual. Una “Revolución del Amor” (Estos hippies…).

Pero, mira tú, sí que parece que el mundo va cambiando. Hay quien dice que está habiendo cambios energéticos importantes, que está cambiando el magnetismo polar, que el mundo espiritual está revuelto. Yo, emocionada, le contaba a mi amiga que sí que es posible que un gran cambio se esté produciendo. Que contribuiremos a cambiar el mundo desde la infancia de quienes algún día lo poblarán y gobernarán. Que es posible una utopía de amor y respeto hacia los individuos. Y, entonces, una madre me escribe entre lágrimas, contándome que lleva dos días llorando.

En la revisión de los seis meses de su bebé, el pediatra le hizo tres preguntas rutinarias: ¿Duerme con vosotros? ¿Aún toma pecho? ¿Lo hace durante la noche? Todas las respuestas positivas. Y su recomendación profesional (por cierto, no solicitada) fue eliminarlo todo: sacarlo de la habitación, dejar de alimentarlo por la noche y empezar a sustituir la leche materna por fórmula porque, literalmente, “con esa edad ya sale sólo agua y no alimenta”. No se dan cuenta del poder que tienen sobre algunas madres. No es justo que por un sanitario mal informado una madre esté dos días llorando, “porque él es el profesional y tendré que hacerle caso aunque me duela, ¿o no?” y es menos justo aún que un bebé se vea privado de teta y contacto por su causa. Y a la mierda el buen rollo, la buena energía, los cambios magnéticos y la era de Acuario.

No me malinterpretéis: no estoy hablando de las madres que libremente deciden dormir en habitaciones separadas, o dar fórmula, o no alimentar durante la noche. Estoy hablando de un profesional que, bajo el “amparo” de unos argumentos caducos, científicamente más que rebatibles, imparte directrices que van en contra del deseo más visceral de una madre. Esto, señores, es intrusismo paternal. Y lo que yo siempre defenderé es el derecho de unos padres a ser quienes decidan sobre la crianza de sus hijos. Lo siento mucho, pero si yo voy al médico a que me mire una verruga y me aconseja gratuitamente que deje de dormir con mi marido, lo mando a la porra. Sobre la vida cotidiana de un adulto, si no interfiere con su salud, ningún médico se atreve a gobernar. ¿En qué libro se les otorga el derecho a hacerlo sobre la vida de un niño?



Aunque esto no es una guerra, a veces me siento como si estuviera en un campo de batalla. Por un lado están quienes están anclados en su territorio, en el de las ideas de una industrialización que arrasó con todo, de las leyendas urbanas estilo años setenta, de las enseñanzas del Libro Gordo del Doctor Petete y del ninguneo de las necesidades de los niños con todas sus consecuencias a largo plazo. Y yo, considerándome pacifista, me siento a veces como si estuviera en una eterna ofensiva, intentando desarraigar banderas de un terreno que por derecho pertenece a lo natural.

Es agotador. Me agota, a veces, cuando estoy en pleno apogeo emocional por haber conquistado una colina, ver que los tanques llegan a aplastar la hierba. O quizás es que los tanques, en realidad, siempre estuvieron ahí. Ya no lo sé. Es realmente descorazonador intentar vislumbrar cuánto tiempo te van a aguantar las fuerzas. Cuántas margaritas podrás sacrificar en los cañones, antes de darte por vencida.

¿Vosotros creéis que hay suficientes flores en el mundo para detener tanto fuego?

viernes, 28 de septiembre de 2012

La Lactancia "prolongada" y La Gorda del Tres.



Esto es sólo una pequeña reflexión. Según la Real Academia Española de la lengua:

(Del lat. prolongāre).

1. tr. Alargar, dilatar o extender algo a lo largo. U. t. c. prnl.
2. tr. Hacer que dure algo más tiempo de lo regular. U. t. c. prnl

¿Y qué es lo regular? Pues, según la propia RAE, es en una primera acepción lo "ajustado y conforme a regla". Es decir, que la Lactancia Materna Prolongada es aquella que se extiende a propósito, haciendo que dure más de lo que se entiende como "normal". ¿Y por qué no ha de ser lo "normal" dar el pecho dos o tres años?

Mira tú por dónde, si seguimos urgando en el diccionario, va y resulta que la tercera acepción de la palabra "normal" dice que es la cosa que por su forma y magnitud se ajusta a las normas fijadas de antemano. Pero la acepción PRIMERA de la palabra es, textualmente:

(Del lat. normalis)

1. adj. Dicho de una cosa: Que se halla en su estado natural.

Está en la RAE. Podéis comprobarlo.

Así que tenemos que lo que se encuentra en su estado natural es, en primera instancia, lo normal. Un niño al que no se desteta a propósito, sino que se le permite mamar cuanto tiempo quiera, difícilmente dejará la teta antes de los dos años. Entonces, si esto es lo natural, ¿no debería ser esta la Lactancia Normal? Mirad:


(De cortar).

1. tr. Disminuir la longitud, duración o cantidad de algo. U. t. c. intr. y c. prnl.

Así que si "Normal = Natural", si le doy el pecho a mi hijo durante dos años, o tres, o los que él me pida, lo que le estoy dando es Lactancia Natural. Y toda la demás es Lactancia Acortada. Esa, y sólo esa, es la que se sale de lo que verdaderamente es lo normal, por mucho que nos vendan lo contrario. Tenemos un idioma tan rico, pero tan rico, que permite como un millón de trampas al entendimiento y a veces una servidora ya no sabe si pensar que un grupito de pequeños (o grandes) cabroncetes lo aprovechan para vendernos lo que les da la gana...






¿Y qué más da llamarlo de una forma u otra, si total se entiende de qué estamos hablando? Ya, claro. Mi vecina del quinto pesa alrededor de ciento veinte kilos. En el barrio todos la llaman "la gorda del tres". Pero ella, mira tú, prefiere que la llamen Carmen. Tal vez sea PORQUE ES SU NOMBRE.
Seguro que alguna vez habréis escuchado expresiones tontas del tipo "¡de tanto comer pollo te van a salir plumas!". Es una forma de hablar. Nadie se cree que si come mucho pollo le saldrán plumas. Pero que te lo digan de tu bebé. Entonces sí. Entonces es ley grabada en piedra que si tu bebé come demasiado pollo, le saldrán plumas. Y si le das teta a demanda, chupará por vicio. Y llorar ensancha los pulmones. Y los brazos crean niños dependientes y enmadrados. Y tienes que beber mucha leche para dar leche (el que haya visto a una vaca adulta beber leche alguna vez, por favor, que levante la mano). 

Por ridículas e infundadas que sean, cada palabra que se refiere a nuestros peques cobra la categoría de ciencia exacta muchas veces, así que no creo que le hiciera daño a nadie, en algo tan importante, empezar a llamar a las cosas por su nombre. Vamos, digo yo.








viernes, 17 de agosto de 2012

Sí Pero, Sí Porque.


      ¿Os acordáis de "Al Salir de Clase"? No digáis que no, viciosillas, que quien más quien menos todas habéis llevado un póster Súper-Pop de Íñigo pegado a la carpeta... (Y luego estaban las desviadas, como yo, que llevábamos a Víctor Clavijo... Ay...). Bueno, a lo que iba: que recuerdo yo un capítulo en el que a una chica "alternativa" (o lo que podía considerarse alternativa en semejante contexto) le echaban en cara que no participase en una acción feminista, o algo por el estilo, y ella respondía tajante:

- Me niego a luchar contra ello. Luchar contra algo es admitir su existencia.

Pues no sé hasta qué punto será verdad o no, o hasta qué punto llevo esa máxima a la práctica o no en mi vida en general, pero lo cierto es que más de una vez desde entonces (y no es que haga poco tiempo, hemos crecido os guste o no) me he acordado de ella. Y aquí es donde yo quería llegar. En lo que caí el otro día del modo más tonto...

Estábamos en una terracita y Hugo, que con sus 21 meses llevaba todo el día de piscina en piscina sin recordar que mamá tiene tetas, se pilló los dedos entre dos sillas. Se hizo daño de verdad, llamó a mamá y pidió teta. Cuando lo puse al pecho una chica que estaba sentada en nuestra mesa, pero a la que no conocía de nada, comentó por lo bajini que le daba vergüenza que yo estuviera haciendo "eso". Otra chica, esta ya de más de confianza, se interesó por lo que acababa de pasar y preguntó si el peque solía pedir teta cuando se hacía pupa. Y mi hermano, pro-lactancia a más no poder y sintiéndose orgulloso, dio una explicación a la mesa entera:

- Sí, porque es lo que mejor lo calma. Siempre que se hace daño va a la madre y le pide teta, así se le pasan todos los males.

Y entonces ¡paf! Se encendió el piloto de Alerta-Duda. ¿Por qué está dando explicaciones, si no estamos haciendo nada malo? Y entonces ¡bis de paf! Coño, ¡si yo también lo hago! Me vi a mí misma, y a muchas mamás conocidas, respondiendo un montón de veces a la pregunta de "¿todavía toma pecho?" (y similares) con un "Sí, porque es lo que más le alimenta", "Sí, porque nos encanta", "Sí, porque es lo que mejor le calma", "Sí, porque", "Sí, porque"... Y, lo que es peor, "Sí, pero...". "Sí, pero cada vez menos", "Sí, pero sólo para dormir", "Sí, pero", "Sí, pero"... Sí, ¿pero qué? ¿Por qué hacemos eso?

- ¿Bebes?
- Sí, pero sólo los fines de semana.
- ¿Fumas?
- Sí, porque me relaja un montón.
- ¿Todavía das el pecho?
- Sí, pero ya sólo para dormir.

Aquí hay algo que está fuera de sitio. No es un vicio, no es una droga ni es algo obsceno, no es nada de lo que avergonzarse. Es lo normal, lo natural, lo que debería ser la norma establecida. Nadie te pregunta si respiras y, si lo hiciera, pondrías cara de incredulidad por tener que responder a una gilipollez calibre veintitrés y dirías "Sí". Como mucho un "Sí, claro", y no te sentirías incómoda por seguir respirando después. ¡Menudas tonterías tiene la gente! Entonces, ¿por qué seguimos sintiéndonos empujadas a dar una explicación por estar dando cuerda a lo poco que nos queda de natural y de humano-mamífero? ¿No colaboraremos, con ello, a perpetuar la creencia de que la lactancia materna es "lo raro" ya que debe ser excusado? A fin de cuentas, las explicaciones, como me dijo una amiga, los amigos no las necesitan, los enemigos no las creen y los estúpidos no las entienden...

Mira, creo que voy a hacer la prueba. A partir de ahora, mi Sí se queda solo.